Arafat: tres turnos y dos victorias

Arafat: tres turnos y dos victorias

 Esta semana en Platero ha sido bastante intensa, pero a la vez triunfal. Normalmente, desde la perspectiva de un adulto, es fácil percibir el objetivo de una tarea como la que desarrollamos en Platero, así como los medios de los que disponemos para realizarla. Sin embargo, desde el punto de vista de un niño de ocho, nueve o diez años; no siempre es tan evidente. Y, ojo, para explicar esto no hay que caer en la simpleza de recurrir a la candidez o la inocencia de los niños. Si algo nos han demostrado los niños de Platero en estos casi dos años de andadura, es que son más inteligentes, despiertos y resueltos que muchos de nosotros. Como decía, es más complejo que un niño comprenda el fin de nuestra labor por el simple hecho de que su mundo es mucho más pequeño y hay realidades que todavía no conoce.

 Por estos motivos nos ha sorprendido muy gratamente que Arafat (aquel gran bailarín, hijo del dueño de un kebab de Vallecas, del que ya os hemos hablado alguna vez) haya recurrido a nosotros esta semana para intensificar su ritmo de clases particulares porque está muy apurado con los exámenes del segundo trimestre. Algo que podría parecer muy lógico, para nosotros es un triunfo. Que un niño, por su propio pie, nos pida apoyo extra, más allá de sus clases ordinarias, es una gran victoria para todos por dos motivos:

  • Arafat concibe las clases de Platero como un apoyo o herramienta y no como una obligación. Ese es uno de nuestros objetivos principales, que los niños entiendan que somos un sitio al que recurrir cuando les cuesta aprobar por sus propios medios, cosa que es bastante complicada.
  • Por otra parte, es una satisfacción para nosotros conseguir que los propios niños comiencen a interesarse por aprender y aprobar.

 Sin desmerecer la actitud de Arafat, no podemos olvidarnos de los voluntarios que llevan de la mano a los muchachos en este viaje. Desde Platero queríamos dar la enhorabuena a Borja, el profe de Arafat; gran parte de este triunfo de todos es por su culpa. Por otro lado, esta semana hay que hacer mención especial a dos voluntarios que, principalmente por incompatibilidades laborales de otros voluntarios, han echado el resto triplicando turno en las clases de Platero. Estas dos personas son Rubén y Belén, dos de nuestras últimas incorporaciones. El esfuerzo extra que han realizado estos dos voluntarios ha sido admirable y ha servido para, entre otras cosas, darle a Arafat el apoyo extra que necesitaba esta semana.

 Contentos por cómo ha acabado el segundo trimestre, solo nos queda daros mil gracias a todos los que trabajáis con nosotros y nos apoyáis. ¡Ah!, casi se me olvida, permaneced atentos a vuestras pantallas porque puede que en breve vengamos con grandes y frescas noticias.

 Feliz Semana Santa a todos,

 Platero

Leia, una nueva esperanza para Marcela

Leia, una nueva esperanza para Marcela

LEIA, UNA NUEVA ESPERANZA PARA MARCELA

 
Una parte de la infancia de muchos treintañeros (y de algunos más talluditos) murió el martes con Carrie Fisher. Una actriz de un solo papel, de un único personaje, la princesa Leia; un personaje único.

Único en la iconografía comercial de una generación que veía exclusivamente la épica y la heroicidad en modelos masculinos. Desde Conan el bárbaro hasta Indiana Jones, pasando por todas las tipologías de héroes habidas y por haber; a las mujeres solo les quedaba el reducto de la espera, ser objeto de un rescate y anhelar a su amado. Solo en el universo Marvel de la Patrulla X encontrábamos personajes femeninos con carácter propio; poco más… hasta que apareció la princesa menos princesa de toda aquella lejana galaxia.

Leia lideraba una insurgencia armada contra un poder terriblemente establecido en todos los sistemas de una galaxia. Daba órdenes, ideaba estrategias militares, planeaba sabotajes, usaba armas y, para colmo, acababa rescatando a sus rescatadores.

Un grano de arena (una nueva esperanza) en un desierto plagado de estereotipos femeninos cargados de sentimentalismos, debilidades y prejuicios rancios. Los personajes femeninos fuera del canon son minoría desde los relatos homéricos hasta nuestros días. Esto se debe principalmente a dos motivos:

  • La histórica mayoría de hombres creadores de ficción. Piensen, así, rápidamente, e intenten recordar cuántas directoras y guionistas de renombre conocen. Les apuesto lo que quieran a que no superan la decena.
  • La escasa publicidad u ocultación de modelos de mujer en los que basar personajes femeninos fuera del estereotipo dominante. Se me ocurre, por ejemplo, la poca repercusión en el mundo de la ciencia que tiene el nombre de Cecilia Payne; cuando sus descubrimientos sobre la composición de las estrellas supusieron una revolución para la astrofísica moderna. ¿Cuántos de ustedes la conocían? ¿Para cuándo una película sobre su vida?

Por eso resaltan los personajes como Leia, no por su feminismo de manual, pues también la princesa galáctica cae en algunos estereotipos; sino por su unicidad dentro de nuestro universo particular.

Si buceamos en otros campos como la literatura española, encontraremos también otros personajes inmensos y perdidos en la memoria colectiva. Uno de los menos comentados y más denostados es la pastora Marcela, personaje de El Quijote.

El caso de Marcela es quizás el más sangrante de todos. Estando inmersa en una de las obras más estudiadas de toda la historia, resulta curioso cómo el personaje más revolucionario de la obra que revolucionó la literatura queda relegado a un segundo plano. Un plano en el que solo algunos eruditos literarios le han dado (en ocasiones contadas) la importancia que merece.

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Marcela es una pastora de tal belleza que hace que muchos hombres pierdan literalmente la cabeza por ella. Cuenta Cervantes en su obra maestra cómo el noble Grisóstomo enloquece ante la hermosura y las negativas de la pastora a desposarse con él. El pretendiente no soporta más una vida sin Marcela, así que decide quitársela.

En esos momentos, don Alonso Quijano y su escudero Sancho Panza andan por la zona donde ocurrieron los hechos, y se topan con la comitiva fúnebre del pobre y desdichado Grisóstomo. En mitad de las exequias, aparece Marcela, harta de que la tachen de culpable por la muerte del joven; y lanza un alegato feminista, impropio y revolucionario para el siglo XVII, que dice así:

―Vengo ―respondió la pastora Marcela― para que sepáis que yo no soy culpable de la muerte de Grisóstomo. Atended todos. El cielo me hizo hermosa, y todo lo hermoso merece ser amado, pero no sé por qué he de verme yo obligada a amar a quien me ama. Yo nací libre, y para vivir libre escogí la soledad de los campos, donde he luchado por conservar mi honestidad, que es el adorno más hermoso del alma. A los que he enamorado con la vista, los he desengañado con mis palabras. Jamás di esperanzas a nadie, así que a Grisóstomo lo mató su insistencia, no mi crueldad. Yo no estaba obligada a corresponderle, y en ese mismo lugar donde ahora caváis su sepultura le dije que quería vivir en perpetua soledad. Si él insistió en navegar contra el viento, ¿qué culpa tengo yo de su naufragio? Que nadie me llame cruel ni homicida, porque yo nada prometo, nunca engaño y hasta ahora a nadir di palabra de amor. Yo soy libre y no quiero sujetarme a nadie.

Es tan claro como revolucionario. En su línea de hacer saltar por los aires todos los tópicos de la literatura de su tiempo, Cervantes pone en boca de una mujer una palabra prohibida hasta el momento para ellas: NO.

Negarse al sometimiento continuo de los deseos del hombre es erigirse como ser humano con voluntad y carácter propio. Negarse como revolución, como acto subversivo, como declaración de intenciones. Ustedes me dirán si este pasaje merece una mención aparte o, al menos, algo del bombo y platillo que acapara en exclusiva el episodio de los molinos.

Marcela no tiene (ni tendrá) la repercusión que merece. Sí es cierto que la princesa Leia ha disfrutado más de esa fama, pero no debemos olvidar que ella solo sigue la estela de Marcela y otras muchas otras que la antecedieron. Por todo esto y para que no caiga en saco roto la muerte de Carrie Fisher, hagamos memoria, rescatemos a las (pocas) heroínas del olvido y pongámoslas en el lugar en el que deben estar. Contemos, tanto a niños como a niñas, cómo una mujer lideró la rebelión que liberó a toda una galaxia, contémosles por qué decir NO es una revolución es sí misma.

Por Ignacio S. Arquillué

Una nueva Misión en el CEIP José Calvo Sotelo

Una nueva Misión en el CEIP José Calvo Sotelo

UNA NUEVA MISIÓN EN EL CEIP JOSÉ CALVO SOTELO
 

Cuando hace año y medio decidimos poner en marcha nuestras ideas para mejorar la sociedad a través de Platero, consideramos que el proyecto debía nacer con tres objetivos principales. El primero de ellos, fundamental, es la lucha contra el fracaso escolar de menores de entornos desfavorecidos a través de clases solidarias. El segundo, llevar a dichos entornos elementos culturales para crear un entramado intelectual que favorezca su desarrollo, progreso e independencia. El tercero es la divulgación, tanto cultural como del trabajo que se realiza en las clases semanalmente. Este último es el que hoy nos ocupa y gracias al cual comenzamos una nueva Misión Platero en el CEIP José Calvo Sotelo.

Para llevar a cabo nuestro objetivo divulgativo optamos por utilizar Facebook como vehículo de comunicación entre el proyecto y el mundo, aprovechando las funcionalidades de sus páginas y su potencia para viralizar contenidos. Y nos ha ido bien. Arrancamos con unos 200 seguidores y, en muy poco tiempo y gracias a una publicación viral, llegamos a superar los 1.800. Es mucha gente y estamos muy contentos. Supone que hay muchos ojos y oídos dispuestos a escuchar y leer nuestra historia y muchas bocas que la pueden contar a otros. Para aprovecharlo, hace unos días lanzamos una campaña para captar nuevos voluntarios en la que describíamos brevemente lo que hacemos. Fue compartida 45 veces, llegando a 18.000 personas, y nos contactaron nueve mujeres -nos parece un dato muy significativo- interesadas en el proyecto. Con ocho de ellas hemos iniciado los trámites para que puedan unirse al equipo de voluntarios y con la novena nos reunimos el pasado viernes 11 de noviembre. Se trata de la directora del CEIP José Calvo Sotelo de Madrid, la cual nos solicitó colaboración para ayudar a una alumna con una situación muy delicada.

Durante la reunión que mantuvimos con ella y la jefa de estudios del centro, expusimos qué es Platero y nos contaron el caso que les mantiene preocupadas. Dada la gravedad de las circunstancias de la alumna, no optamos por mantener nuestro habitual formato de clases semanales -una de inglés grupal con un profesor nativo y una particular de apoyo- sino por reforzar el apoyo dedicando a ello las dos horas a la semana. Desde esta misma tarde, uno de nuestros voluntarios, Luis, acudirá al número 82 de la Avenida de la Ciudad de Barcelona todos los lunes y miércoles de cinco a seis de la tarde para prestar su ayuda a esta niña. En el centro tienen identificados varios casos más, por lo que Luis pronto dejará de ir solo.

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Comienza una nueva Misión Platero con la que, al estilo de las Misiones Pedagógicas, pretendemos dar un empujón a la educación y a la cultura en esta comunidad. Comienza un nuevo reto que requerirá de voluntarios que lo hagan crecer y, para ello, volvemos a necesitar de vuestra ayuda como transmisores de nuestro mensaje. Como veis, gracias a la difusión que hacéis de los contenidos a través de las redes sociales vamos a poder colaborar con más gente que nos necesita. Somos un gran equipo, plateros, y juntos estamos consiguiendo grandes cosas. Sirva este post como agradecimiento a vuestra ayuda.

Platero

Sobre Jaime Gil de Biedma y el amor

Sobre Jaime Gil de Biedma y el amor

SOBRE JAIME GIL DE BIEDMA Y EL AMOR

 
Jaime Gil de Biedma salía de su despacho en Tabacos Filipinas todos los días dispuesto al amor. Quizás un joven que lo mirara de reojo en algún pub de moda de la Barcelona de los 50; quizás su queridísima Bel [radiante, despeinada / por un viento solo tuyo] o en busca del amante gitano que lo esperó en casa durante un tiempo a la vuelta del trabajo. Pero siempre abierto, siempre abierto al amor.

Sin embargo, basta con leer algunos poemas de Gil de Biedma para percatarse de que en él reside una manera muy compleja y muy personal de entender el amor, que nace de un equilibrio entre la más absoluta soledad y la total entrega; cualquier sentimiento se intensifica hasta su límite en la vida y obra de Jaime:

Para saber del amor, para aprenderle
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor.

Estos versos, procedentes de «Pandémica y Celeste», son solo una pequeña muestra de la vital importancia que las relaciones amorosas tenían en la vida de Gil de Biedma, que impulsaron gran parte de su creación poética, porque Jaime Gil de Biedma se enamoraba, se enamoraba hasta que le estallara el pecho, de cada persona con la que compartía cada pedazo de su intimidad:

¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir —aunque sea nada más que un momento—
igual deslumbramiento que a los veinte años!

Para Jaime el amor se encontraba en cada gesto cotidiano de la vida, lejos de las exageraciones y grandilocuencias a las que el amor ha sido continuamente sometido, sus poemas nos presentan un amor sencillo, humano, plagado de errores y defectos, con el encanto que a veces muestra la mediocridad de este mismo amor, como en este «Vals de aniversario»:

Nada hay tan dulce como una habitación
para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo,
y parejas dudosas y algún niño con ganglios,
si no es esta ligera sensación
de irrealidad. Algo como el verano
en casa de mis padres, hace tiempo,
como viajes en tren por la noche. Te llamo
para decir que no te digo nada
que tú ya no conozcas, o si acaso
para besarte vagamente
los mismos labios.
Has dejado el balcón.
Ha oscurecido el cuarto
mientras que nos miramos tiernamente,
incómodos de no sentir el peso de tres años.
Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
que los silencios ponen en la boca,
posiblemente induce a equivocarnos
en nuestros sentimientos. Pero no
sin alguna reserva, porque por debajo
algo tira más fuerte y es (para decirlo
quizá de un modo menos inexacto)
difícil recordar que nos queremos,
si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan cerca
de ayer a última hora y de pasado
mañana
por la mañana...

Y es que Jaime nos trae de la mano de sus poemas un amor real, un amor cotidiano precioso a la par que fragmentado y con fisuras, una mezcla imposible de pasión y ternura que eriza los vellos al más pintado.

Derivado de esa terrenalidad, también la importancia al amor por el cuerpo y la belleza. Enamorado de la sensualidad, Gil de Biedma recupera la idea platónica de llegar al alma a través del cuerpo. Esta es una idea tachada y desterrada en los últimos tiempos, pero el poeta rompe una lanza a su favor: primero es necesario adorar lo corporal, lo terrenal, ser consciente de la inevitable necesidad de amar los cuerpos para después ascender a un plano elevado casi cerca de lo celestial [Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo / quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos / a ser posible jóvenes: / Yo persigo también el dulce amor, / el tierno amor para dormir al lado…]. Esta dicotomía queda reflejada en el título del ya mencionado poema «Pandémica y celeste», que hace referencia tanto a Afrodita Pandemos (diosa del amor erótico) como a Afrodita Celeste (diosa del amor espiritual).

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La intensidad con la que Jaime Gil de Biedma vivió el amor lo llevó en muchas ocasiones al sufrimiento, eso es cierto. Estuvo sometido a una continua desaprobación social y, sobre todo, familiar, por sus relaciones con hombres; que le costó su puesto de trabajo y la buena relación con su padre, al que también después de muerto dedicó unos versos [¿Qué me agradeces, padre, acompañándome/ con esa confianza/ que entre los dos ha creado tu muerte?/ No puedes darme nada. No puedo darte nada/ por eso me entiendes]. Y cargó toda su vida con la culpa de la muerte de su queridísima Bel en un accidente, que lo llevó a intentar suicidarse [La parte de tu muerte que me doy, / la parte de tu muerte que yo puse/ de mi cosecha, cómo poder pagártela.../ Ni la parte de vida que tuvimos juntos].

Fue tal el papel que el amor jugó en el destino de Jaime Gil de Biedma, que, finalmente, lo llevó a la muerte a través de una enfermedad venérea a sus 60 años.

Sin embargo, a través de su poesía y su experiencia, Jaime Gil de Biedma nos dejó como legado una nueva y arriesgada visión del amor, como fuerza poderosísima y omnipresente; y nos invitó a vivirla lejos de prejuicios, tópicos y clásicas interpretaciones; nos puso ante los ojos la capacidad de amar plenamente y en libertad, sin miedos y sin reservas, con una entrega total, que es la única manera en la que se puede amar, como él se atrevió a hacer en su propia vida.

Por Inés de la Higuera Montejano

Foto principal: Jaime Gil de Biedma. Foto secundaria: El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli.

 

Miguel Hernández: un rayo que no cesa

Miguel Hernández: un rayo que no cesa

 

«Recordar a Miguel Hernández, que desapareció en la oscuridad, y recordarlo a plena luz es un deber de España, un deber de amor».

Pablo Neruda

 

Miguel Hernández nació en Orihuela un día como hoy de hace 106 años. Se dice pronto: algo más de un siglo ha pasado desde que uno de los más grandes poetas de España viera la luz, y, sin embargo, sus versos siguen resonando en nuestros oídos con una grandísima nitidez.

Nacido en el seno de una familia humilde, su temprana labor como pastor, a pesar de alejarlo de la escuela, no lo distanció de los libros y su afán por la poesía clásica, es más: Miguel Hernández se encontró consigo mismo y con la poesía probablemente en el mejor lugar en el que esto puede suceder: el campo, donde la sensibilidad del ser humano aflora de una manera muy especial, y que estará presente en muchos de sus poemas (Clavellina del valle que provocan tus piernas (…) Trémula zarzamora suavemente dentada / donde vivo arrojado).

Su amor por la lectura lo llevó a formar una tertulia literaria. En aquellas reuniones, él y algunos conocidos comenzaron a dar rienda suelta a sus inquietudes artísticas, y allí, además de empaparse de literatura, fue donde conoció a su preciadísimo compañero y amigo Ramón Sijé, cuya aparición marcaría su vida, y cuya muerte lo llevó a escribir su Elegía, uno de los poemas más bellos y desgarradores de toda su producción, en el que encontramos versos como los que siguen: Quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes. / Quiero minar la tierra hasta encontrarte / y besarte tu noble calavera / y desamordazarte y regresarte.

Tras la publicación de varios poemas en pequeñas revistas de Alicante, viajó a Madrid, donde pudo conocer la obra de los autores de la Generación del 27. Su aprendizaje en esta breve estancia lo ayudó a la creación de la que sería la primera de muchas obras que vinieron después: Perito en lunas (que tomó nombre de su octava «Horno y luna»: oh tú, perito en lunas, que yo sepa / qué luna es de mejor sabor y cepa), el primer eslabón de su carrera, tras cuya publicación se estableció definitivamente en la capital.

Fueron la salida de su pueblo y la agitación de Madrid las que comenzaron a mostrarle a Miguel Hernández una nueva realidad con la que se sintió completamente comprometido: la pluma de este poeta se transformaría entonces en arma combatiente contra desigualdades e injusticias sociales (Tened presente el hambre: recordad su pasado / turbio de capataces que pagaban en plomo. / Aquel jornal a precio de sangre cobrado / con yugos en el alma, con golpes en el lomo). El poeta continuaría su lucha yendo un paso más allá: con su decisión de alistarse en el bando republicano y en el Partido Comunista de España durante la Guerra Civil, hecho que le costaría un enfrentamiento a la censura y lo llevaría a pasar muchos meses en prisión. Durante su encierro recibió una carta de su mujer, Josefina, en la que ella le contaba que solo tenían pan y cebolla para comer. En respuesta a esta carta, Miguel Hernández compuso «Nanas de la cebolla», como consuelo a la familia que le esperaba (Vuela niño en la doble / luna del pecho / él, triste de cebolla, /tú satisfecho. / No te derrumbes, / no sepas lo que pasa / ni lo que ocurre).

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Cartilla militar del poeta, con la fecha de enrolamiento.

Todavía en prisión, la tuberculosis acabó lentamente con su vida. Enfermo, y sin haber podido ver la España en paz por la que tanto luchó, a los 31 años Miguel Hernández murió.

Decía Neruda que recordar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor. Y tenía razón. Recordarlo es la única manera de devolverle todo el amor y dedicación que él volcó en este país que, injusticia tras injusticia, mataba a su pueblo y lo sumía en una terrible oscuridad.

Recordarlo es la única manera de no olvidar que es posible la luz.

Desde Platero, queremos cerrar este pequeño homenaje a Miguel Hernández con unos versos que representan la labor que tratamos de llevar a cabo, iluminar a los alumnos con nuestras pequeñas dosis de amor y conocimiento:

«Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.»

Por Inés de la Higuera Montejano

Foto principal: versos de La Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández, en la estación Miguel Hernández de Metro de Madrid. 
Valle-Inclán y el esperpento, género trascendente

Valle-Inclán y el esperpento, género trascendente

VALLE-INCLÁN Y EL ESPERPENTO, GÉNERO TRASCENDENTE

En ocasiones, al revisar la historia de las lenguas, encontramos palabras que se crearon para denominar nuevos conceptos artísticos. Si el arte ha sido un ente vivo en constante evolución, la lengua no se le ha quedado a la zaga designando con neologismos los nuevos movimientos que del arte surgían.

Si bien lo anterior es bastante “común”, sí es más inusual encontrar términos de nueva creación que transciendan al ámbito de lo puramente artístico. Como ejemplo rápido, para entender mejor el fenómeno, podemos fijarnos en la figura de Pablo Ruiz Picasso. El pintor malagueño inauguró de su propio puño y lienzo el cubismo (una nueva palabra para un nuevo movimiento) y, además, aportó el adjetivo «picassiano» al corpus del español. Ese adjetivo, picassiano, sí que ha trascendido en cierta medida al ámbito de lo puramente pictórico. No es raro oír el término despectivo «belleza picassiana» para referirse a alguien o algo no demasiado agraciado. Es, por lo tanto, una palabra que trasciende al ámbito para el que fue inicialmente creada.

Y ya puestos a hablar del tema, y aprovechando que hoy Ramón María del Valle-Inclán cumpliría la friolera de 150 años; vamos a indagar un poco en una de esas palabras trascendentes: esperpento.

Ramón José Simón Valle Peña nació el 28 de octubre de 1866 en el seno de una familia carlista pudiente venida a menos. Estudiante irregular, más aficionado a los cafés y las tertulias que a la pura erudición; se erigió como uno de los referentes literarios en lengua española de su época.

A caballo entre el modernismo tardío y la generación del 98, Valle-Inclán destacó por sus ácidas miradas hacia una sociedad en decadencia como era la España que abandonaba el siglo XIX. La cumbre de esa crítica descorazonadora la alcanzaría con su obra teatral más afamada, Luces de bohemia.

En una pseudobiografía dramatizada de la vida y obra de Alejandro Sawa, el dramaturgo gallego dejó un retrato sucio y decadente del Madrid de su época. Y es con esta obra con la que alumbró el término del que venimos hablando en estas líneas, el esperpento:

MAX. —Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

DON LATINO. —¡Estás completamente curda!

MAX. —Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida españolas sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO. —¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX. —España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO. —¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX. —Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO. —Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

MAX. —Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO. —¿Y dónde está el espejo?

MAX. —En el fondo del vaso.

DON LATINO. —¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

MAX. —Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

DON LATINO. —Nos mudaremos al callejón del Gato.

descargaUtilizado por Valle-Inclán para bautizar su particular subgénero teatral, el esperpento queda definido en el anterior fragmento de Luces de bohemia. Afirmaba el gallego que el esperpento es el resultado de confrontar la realidad ante esos espejos. Ese reflejo deformado de lo real con un punto entre cómico y triste era una realidad que carecía de una palabra para nombrarla, y fue por esto que la palabra «esperpento» traspasó el umbral de lo artístico.

Si bien es sabido que esta palabra no fue creada por el propio autor (al contrario de lo que sucedía con los famosos neologismos de su coetáneo Unamuno), sí es cierto que fue Valle-Inclán quien la rescató del lenguaje popular para ilustrar su propio concepto. Una palabra complicada, esperpento, que trae de cabeza a lingüistas y filólogos, cuyos estudios no atinan a descifrar el origen de la misma.

Una vez aparecida en Luces de bohemia, el término se fue popularizando con el nuevo significado adquirido en las tablas del teatro. Y, poco a poco, trascendió al ámbito dramático para asentarse como un recurso habitual para calificar situaciones grotescas, disparatadas con un punto amargo al final.

Es más, me atrevo a aventurar que la trascendencia del término ha ido un poco más allá, hasta instaurarse como definitoria de lo típicamente español. Esa contradicción, esa mofa continua, esa sinrazón. Y, si no me creen, abran un periódico. Se quitarán el cráneo ante la genialidad de un autor que resumió en una palabra los males de su patria, que es la nuestra.

Por Ignacio S. Arquillué

Día del docente

Día del docente

LOS MAESTROS HOY

 

No soy partidario del cualquier-tiempo-pasado-fue-mejor. Siempre miro atrás con la nostalgia del romántico desubicado, pero con la certeza de que hemos avanzado. No sé cómo de bien, mal o regular hemos avanzado, pero lo hemos hecho.

Hemos descubierto continentes, satélites, cometas, estrellas y galaxias. Hemos erradicado enfermedades y hemos descifrado la composición de la materia a niveles inconcebibles. Incluso me atrevo a decir que en el aspecto humano también vamos avanzando, más lentamente de lo deseable, pero avanzamos. Países que destierran la pena de muerte, la esclavitud, que avanzan en materia de derechos civiles; nos muestran el camino de ese avance humano.

Y, si hay algún elemento común entre todos estos avances, ese es la figura del maestro. Sin maestros, sin docentes, sin instructores ni profesores; nada de todo lo mencionado anteriormente sería posible.

Es la figura del docente la piedra angular del avance del ser humano. Y hoy, en uno de los momentos más cruciales que está viviendo el ser humano en siglos, esa figura del maestro se ve comúnmente denostada, maltratada e incluso, en algunos lugares, perseguida.

No podremos dar los próximos pasos si no hacemos piña en torno al profesorado del mundo. Desde el maestro que enseña a leer en el cuerno de África hasta Stephen Hawkings. Y digo todo esto porque los retos que tiene el ser humano por delante van a necesitar de muchos cerebros. Es más, algunos de estos retos conllevarán un camino tan largo que no bastará con la vida de un cerebro humano. Y es por esta transición del conocimiento de una generación a otra por la que, egoístamente, no podemos permitirnos maltratar al docente.

No quiero dejar de recordar que estos retos no sólo van a necesitar de físicos, matemáticos e ingenieros. Van a necesitar filósofos, lingüistas, juristas y otros muchos expertos en las humanidades. Y serán necesarios para encarar esos nuevos retos desde un punto de vista racional y crítico que nos aleje del enfoque puramente científico que tanta barbarie ha generado. Los viajes interplanetarios, la clonación o el desarrollo de la inteligencia artificial van a plantear unos cambios en el paradigma del ser humano que no seremos capaces de afrontar sin las humanidades.

Por todo esto, desde Platero, donde creemos que la educación es el pilar básico de la sociedad, queremos recordar, felicitar y dar las gracias a todos aquellos que se dedican a enseñar. Y también reivindicar un mejor trato para todos ellos. Porque todos dependemos de ellos. Porque tienen que ser la linterna de nuestro camino hacia el futuro. Porque sin ellos ni habría ayer, ni hoy, ni habrá mañana.

¡Que vivan los Maestros!

Por Nacho S. Arquillué

Foto: La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Turp, de Rembrandt. Vía Wikipedia Commons.