Valle-Inclán y el esperpento, género trascendente

Valle-Inclán y el esperpento, género trascendente

VALLE-INCLÁN Y EL ESPERPENTO, GÉNERO TRASCENDENTE

En ocasiones, al revisar la historia de las lenguas, encontramos palabras que se crearon para denominar nuevos conceptos artísticos. Si el arte ha sido un ente vivo en constante evolución, la lengua no se le ha quedado a la zaga designando con neologismos los nuevos movimientos que del arte surgían.

Si bien lo anterior es bastante “común”, sí es más inusual encontrar términos de nueva creación que transciendan al ámbito de lo puramente artístico. Como ejemplo rápido, para entender mejor el fenómeno, podemos fijarnos en la figura de Pablo Ruiz Picasso. El pintor malagueño inauguró de su propio puño y lienzo el cubismo (una nueva palabra para un nuevo movimiento) y, además, aportó el adjetivo «picassiano» al corpus del español. Ese adjetivo, picassiano, sí que ha trascendido en cierta medida al ámbito de lo puramente pictórico. No es raro oír el término despectivo «belleza picassiana» para referirse a alguien o algo no demasiado agraciado. Es, por lo tanto, una palabra que trasciende al ámbito para el que fue inicialmente creada.

Y ya puestos a hablar del tema, y aprovechando que hoy Ramón María del Valle-Inclán cumpliría la friolera de 150 años; vamos a indagar un poco en una de esas palabras trascendentes: esperpento.

Ramón José Simón Valle Peña nació el 28 de octubre de 1866 en el seno de una familia carlista pudiente venida a menos. Estudiante irregular, más aficionado a los cafés y las tertulias que a la pura erudición; se erigió como uno de los referentes literarios en lengua española de su época.

A caballo entre el modernismo tardío y la generación del 98, Valle-Inclán destacó por sus ácidas miradas hacia una sociedad en decadencia como era la España que abandonaba el siglo XIX. La cumbre de esa crítica descorazonadora la alcanzaría con su obra teatral más afamada, Luces de bohemia.

En una pseudobiografía dramatizada de la vida y obra de Alejandro Sawa, el dramaturgo gallego dejó un retrato sucio y decadente del Madrid de su época. Y es con esta obra con la que alumbró el término del que venimos hablando en estas líneas, el esperpento:

MAX. —Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

DON LATINO. —¡Estás completamente curda!

MAX. —Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida españolas sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO. —¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX. —España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO. —¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX. —Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO. —Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

MAX. —Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO. —¿Y dónde está el espejo?

MAX. —En el fondo del vaso.

DON LATINO. —¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

MAX. —Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

DON LATINO. —Nos mudaremos al callejón del Gato.

descargaUtilizado por Valle-Inclán para bautizar su particular subgénero teatral, el esperpento queda definido en el anterior fragmento de Luces de bohemia. Afirmaba el gallego que el esperpento es el resultado de confrontar la realidad ante esos espejos. Ese reflejo deformado de lo real con un punto entre cómico y triste era una realidad que carecía de una palabra para nombrarla, y fue por esto que la palabra «esperpento» traspasó el umbral de lo artístico.

Si bien es sabido que esta palabra no fue creada por el propio autor (al contrario de lo que sucedía con los famosos neologismos de su coetáneo Unamuno), sí es cierto que fue Valle-Inclán quien la rescató del lenguaje popular para ilustrar su propio concepto. Una palabra complicada, esperpento, que trae de cabeza a lingüistas y filólogos, cuyos estudios no atinan a descifrar el origen de la misma.

Una vez aparecida en Luces de bohemia, el término se fue popularizando con el nuevo significado adquirido en las tablas del teatro. Y, poco a poco, trascendió al ámbito dramático para asentarse como un recurso habitual para calificar situaciones grotescas, disparatadas con un punto amargo al final.

Es más, me atrevo a aventurar que la trascendencia del término ha ido un poco más allá, hasta instaurarse como definitoria de lo típicamente español. Esa contradicción, esa mofa continua, esa sinrazón. Y, si no me creen, abran un periódico. Se quitarán el cráneo ante la genialidad de un autor que resumió en una palabra los males de su patria, que es la nuestra.

Por Ignacio S. Arquillué

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